Aviso Rent A Car Andina.png
  • sectorhperiodico

El inconformismo de la juventud

Consecuencia de la segunda ola de la modernidad


La juventud no está pidiendo que le regalen las cosas; por el contrario, quiere opciones reales con las que pueda forjar su futuro.


Manuel Alejandro Rayran Cortés

Profesional en Gobierno y Relaciones Internacionales (*)


Durante los últimos años, las calles de las diferentes ciudades del mundo se han atiborrado con miles de ciudadanos que rechazan las políticas sociales y económicas de sus gobiernos. El inconformismo y la rabia se han profundizado como consecuencia de la pandemia de la covid-19 y el panorama hacia el futuro no es el más esperanzador, en la medida en que los gobiernos no han demostrado querer implementar cambios estructurales.

Ese descontento social hace que muchos se cuestionen de dónde proviene, ya que aparentemente todo estaba funcionando con normalidad para antes de la pandemia. Para comprender el origen del inconformismo es necesario remitirnos a dos siglos atrás, cuando las sociedades empezaron a recorrer las sendas de la modernidad.


La primera ola de la modernidad inicia con la revolución industrial, se profundiza en el siglo XIX con la emergencia de diferentes corrientes de pensamiento y se caracterizaba porque existía un pacto social jerárquico que prometía unas recompensas predecibles. Es decir, los roles de los individuos estaban dados y a partir de allí, se podía construir una vida: el hombre trabajaba en las fábricas, la mujer criaba y se concentraba en el hogar, se creía en unas tradiciones religiosas y la familia era una fábrica de producción de personalidades que estaban conforme a las normas sociales de la sociedad de masas.


La segunda ola de la modernidad inicia después de la Segunda Guerra Mundial y se caracteriza porque el avance científico y tecnológico, al igual que la globalización de la economía, permitirían la máxima individualización del ser. En ese sentido, los hombres y las mujeres, a partir de ese momento, no tendrían una brújula que les guiase su vida, pues desde ese momento el individuo podía ser lo que quisiera. En otras palabras, los seres humanos ya no sufrirían más por las inhibiciones de la sociedad que les impedían ser lo que eran; por el contrario, los individuos podrían ser lo que quisieran, de ahí que se cuestionaran qué deben o que deberían creer y lo que podrían llegar a ser.

Sin embargo, este potenciador liberador de la segunda ola de la modernidad, en el que al individuo se le promete que “puede ser lo que quisiera” sin restricción alguna, es difícil de cumplir y más cuando los cambios institucionalizados tanto en la política como en las prácticas económicas y sociales están relacionados con el neoliberalismo, modelo económico que en muchos aspectos profundiza las inequidades y reproduce los ciclos de desigualdad. En ese sentido, los individuos viven en una colisión entre una modernización (que se ha construido por siglos) que promete mejores vidas y una violencia económica (desde solo hace unas décadas) que frustra la búsqueda de una vida eficaz.


Con base en lo anterior, se puede entender el porqué en el centro de toda esta ola de inconformismo están los jóvenes, a quienes se les prometió una vida próspera y llena de sueños que, con el tiempo, no se ha podido materializar, motivo suficiente para salir a las calles a gritar a todo pulmón para exigir oportunidades. Hoy, la juventud quiere ser lo que ellos desean, pero el modelo productivo, la falta de acceso a la educación, a una vivienda digna y otros factores esenciales, no les permite lograr sus objetivos. La juventud no está pidiendo que le regalen las cosas; por el contrario, quiere opciones reales con las que pueda forjar su futuro.


Por último, y como lo mencioné al inicio de este escrito, los gobiernos no han propuesto cambios estructurales y esto se debe a que no han comprendido las dinámicas sociales antes señaladas. La humanidad ya entró en la tercera ola de la modernidad con el capitalismo digital y aún no veo que estas nuevas prácticas económicas, con impactos políticos y sociales, estén creando lo que Karl Polanyi llamaba un “doble movimiento”, que hace referencia al desarrollo continuo y paralelo entre el mercado y unas instituciones que apuntan al bienestar del trabajador y la sociedad en general.




(*) Magíster en Ciencia Política orientada en Relaciones Internacionales y especializado en Diplomacia y Resolución de Conflictos.

Docente universitario.

alejotaz_15@hotmail.com

@AlejandroRayran

70 vistas2 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo
Darle piso al Periódico Sector H-Aviso 2.jpg
EXPECTATIVA SECTOR H-2.jpg