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La mujer en la fuerza pública

Por Hernán Alejandro Olano García


Cuando observamos en el Museo Nacional de Colombia el cuadro “Jura de la Bandera de Cundinamarca”, acto que se realizó en 1812, encontramos a dos jóvenes damas con uniforme militar, falda blanca, casaca azul y el gorro frigio de la libertad, blandiendo la espada en homenaje a ese símbolo republicano y al Jesús Nazareno de San Agustín, Generalísimo de los Ejércitos de Cundinamarca. Ellas son Mercedes, del Batallón de Artillería e Isabel Nariño Ortega, del Batallón Nacional, hijas del Teniente General y Precursor de la Independencia don Antonio Nariño y, de doña Magdalena Ortega y Mesa.


Juramento de bandera en 1812


Mercedes, nacida el 24 de septiembre de 1798 en Santa Fe, donde se casó el 15 de julio de 1819, con el prócer don Antonio IBÁÑEZ, natural de la ciudad de Ocaña, hijo legítimo del doctor Miguel IBÁÑEZ VIDAL, el cual fue en la dominación española, Oficial Real y Juez de Puertos de Ocaña, y figuró más tarde en la Independencia y de doña Manuela ARIAS y RODRÍGUEZ TERÁN. De doña Mercedes, lo mismo que de su hermana Isabel, “refiere el Cronista Caballero, y el Abanderado de NARIÑO en sus Memorias, que en enero de 1813, en los días de las contiendas entre Baraya y el Gobierno de Cundinamarca, sentaron plaza en los Cuerpos de la guarnición, la mayor en la Artillería, y la otra en el Batallón Nacional, y que vistiendo los uniformes respectivos se presentaron en una ocasión en el campo de maniobras, y que doña Mercedes aplicó el botafuego al cañón con gran impavidez”. Desterrada por MORILLO a Anolaima en 1816, fue directora en distintas épocas de colegios en Bogotá, Tunja, Vélez y El Socorro. En sus últimos años fue contratista para la alimentación del internado de San Bartolomé. Murió en Bogotá en 1875.


Isabel, nacida en 1801 durante la prisión de su Padre. Contrajo matrimonio en Bogotá el 6 de octubre de 1822, con don José María SAÍZ ROEL, rico comerciante de la Calle Real, hijo legítimo del español don Manuel SAÍZ Y MAYORDOMO, y de doña María Ignacia Catalina ROEL Y BERNAL. Murió el 22 de noviembre de 1857.


Las mujeres han sido pilar fundamental de nuestras Fuerzas Militares y de Policía. En la Campaña libertadora, “Las Juanas” fueron el apoyo logístico de las fuerzas, lo cual se ha recordado con el Batallón de Intendencia N.° 1 Las Juanas, creado mediante el decreto N.° 042 del 12 de noviembre de 1924, reconocido en la Logística del Ejercito Nacional por su alta capacidad de producción y trayectoria, que a lo largo de la historia ha suministrado la dotación a los miembros del Ejército Nacional, especialmente a los soldados de primera línea, garantizando la consecución de los elementos primordiales de intendencia para el desarrollo de las operaciones militares.


Años más tarde, “La Libertadora del Libertador”, doña Manuela Sáenz recibió de manos del Congreso de Colombia, por su participación en la batalla de Junín, bajo las órdenes del Mariscal Antonio José de Sucre.

En la Policía Nacional, la participación de la mujer comenzó con la incorporación de la madre María Luisa de San Luis, de la comunidad de Hermanas Dominicas de La Presentación, quien inició con las labores de Bienestar Social, que nació por medio de la Resolución 1863 del 2 de julio de 1953 y, en homenaje a su nombre religioso, se fundaron los colegios “San Luis” de la Policía Nacional.


Otra hija de un Teniente General, sería la segunda mujer en incorporarse a la Policía Nacional, se trata de doña María Eugenia Rojas Correa, hija del Presidente de la República Gustavo Rojas Pinilla y de doña Carola Correa. María Eugenia recibió el 5 de noviembre de 1953 el grado y las insignias que la identifican como Teniente Segunda Honoraria y, gracias a ella, su padre expidió la Resolución 3135 del 26 de octubre de 1953, que creó la policía femenina, inicialmente conformada por un grupo de 46 damas de la sociedad de Bogotá, Cali, Medellín, Bucaramanga, Barranquilla e Ibagué, quienes obtuvieron, luego de un curso de formación, el grado de Tenientes Segundas y fueron destinadas a cuidar parques infantiles, colegios públicos, espectáculos, lugares de acceso de menores y a realizar actividades de encuentro con la comunidad durante los siguientes años del gobierno de Rojas, cuando María Eugenia fue ascendida al grado de Capitana y, de ahí, ser conocida como “La capitana del pueblo”, para posteriormente utilizar tal rango como su presentación, al ser la fundadora del Secretariado Nacional de Acción Social SENDAS y la primera mujer candidata a la presidencia de la república en 1974.


Con la salida del mando de Rojas Pinilla, la policía femenina fue desapareciendo, hasta 1977, cuando se dispuso, por parte del Director General de la Policía Nacional, general Luis Humberto Valderrama Núñez, el ingreso de mujeres al cuerpo de oficiales de los servicios o cuerpo administrativo, graduándose diez de ellas como tenientes y dos como subtenientes.


Para 1978 se abrió el campo a las primeras aspirantes a suboficial y, en 1979 se graduaron las primeras en la Escuela de Suboficiales “Gonzalo Jiménez de Quesada”, para integrar la Policía de Menores. Precisamente, en 1979 se creó la primera estación de policía femenina en Bogotá, escribiéndose desde ese momento verdaderas páginas de gloria por parte del personal femenino de la Policía Nacional. También, a ese año se remonta el ingreso de las primeras catorce cadetes a la Escuela de Cadetes de Policía “General Francisco de Paula Santander”, graduándose siete de ellas en 1981 como subtenientes de vigilancia. En adelante, las mujeres han sido fundamentales en el desarrollo de la institucionalidad policial desde diferentes cargos y rangos, desde patrulleras, hasta generales.


Que sea este nuestro homenaje a las mujeres policía, que han sido víctimas del “plan pistola” en los últimos días.

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