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Las cabañuelas

Por: Hernán Alejandro Olano García*


Las cabañuelas, son el conjunto de las variaciones de tiempo que tienen lugar los primeros veinticuatro días de enero y que sirven al vulgo para pronosticar el tiempo que ha de hacer durante cada uno de los meses del mismo año o del siguiente. El D.R.A.E. recoge en su segunda acepción que "cabañuela" (aunque generalmente se utiliza en plural) es el "Cálculo que, observando las variaciones atmosféricas en los doce, dieciocho o veinticuatro primeros días de enero o de agosto, forma el vulgo para pronosticar el tiempo que ha de hacer durante cada uno de los meses del mismo año o del siguiente".


Así las cosas, cada día, del uno al 12 de enero, corresponde a los meses de enero a diciembre y, del 13 al 24, de diciembre a enero, con lo cual, el 1 de enero, debe coincidir con el 24 de enero para comprobar el clima del mes; el 2 de enero con el 23 de enero corresponden a febrero; el 3 de enero y el 22 de enero son el clima de marzo, etc.


Desde el 25 de enero y hasta el 30, se hace la equivalencia del clima de cada dos meses: el 25 representa a enero y febrero, el 26 equivale a los meses de marzo y abril, el 27 corresponden a mayo y junio, el 28 a julio y agosto, el 29 a septiembre y octubre y finalmente el 30 a noviembre y diciembre. Y, el 31 de enero, lo que se hace es medir de a dos horas para cada mes, en orden ascendente, con lo cual, de las 00:00 a las 02:00 horas corresponden al mes de enero, de las 02:00 a las 04:00 horas al mes de febrero y así hasta llegar al último rango, de las 22:00 a 23:59 horas, que representan el mes de diciembre.


Habitualmente, las personas del campo utilizan este método, sumado al legendario Almanaque Bristol, que ya cumple 130 años, pero, en la ciudad, el clima prácticamente es impredecible y corresponde a otros factores, muy distintos al método empírico de pronosticar el cielo y el clima del año a través de las cabañuelas, para preparar sus tierras y realizar sus siembras.


Su origen se remonta a la antigua Babilonia; no obstante, en países como México, la tradición de las cabañuelas hunde raíces en los mayas y en los aztecas, cuyos calendarios consistían en 18 meses con 20 días, donde los primeros 18 días de enero servían para predecir fenómenos en cada uno de los meses. En Bolivia los agricultores toman una piedra distinta cada nueve días, allá en el mes de septiembre, y por la mayor o menor humedad que reviste la parte que estaba hundida en el suelo, predicen la copia de aguaceros para cada uno de los nueve meses de la temporada agrícola. A estas piedras cabalísticas llaman también cabañuelas. En España, aunque se utilizan, se dice que "Lo que sea el veintisiete será el mes siguiente". En Colombia siguen siendo un referente muy especial y siempre se dice “Ojalá se cumplan”.

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