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Sí a la venta informal, pero ...

César Barrios Logreira 

Editor 


Son muchos los impactos negativos que genera la venta informal que se presenta en las calles, andenes, calzadas de la ciudad y, específicamente, en nuestro sector residencial del barrio Hayuelos Occidental (Sector H). 


Entre la inseguridad, la invasión al espacio público y el desorden desaforado y sin control generados por la venta informal y no supervisados ni controlados de manera adecuada, oportuna y eficaz por las autoridades competentes, transcurre el día a día de los vecinos y residentes del barrio Hayuelos, en la Localidad de Fontibón. Esquina suroccidental de la Carrera 90 con Calle 19A. 


Además de la invasión al espacio público (andenes, vías, parques, plazas y calzadas), que es ocasionada por vendedores informales con su actividad, es claro que lo más grave son los múltiples impactos negativos que día a día se presentan en torno a esta y que, en particular, desmejoran significativa y progresivamente la calidad de vida de los residentes que habitan en sus entornos. Veamos algunos: 

 

  • Inseguridad. Dentro de los vendedores informales, entre los cuales algunos sí ejercen este oficio de manera honesta y por necesidad, se camuflan otros que aprovechando sus ubicaciones “privilegiadas” como vendedores en las calles, se convierten en generadores de inseguridad al utilizarlas, por ejemplo, para avisar a sus compinches sobre quién entra o sale de sus residencias, a qué horas y de qué manera, o quién carga dinero y en qué bolsillo, con el fin de robar, atracar o cometer otro tipo de ilícitos posteriores, como parte de grupos delincuenciales organizados. 


De acuerdo con situaciones similares presentadas acá y en diversos sitios de la ciudad, estos mismos puestos de venta informal sirven para que algunas personas escondan armas con las que cometen sus fechorías, o también sustancias psicoactivas o prohibidas que venden allí de manera clandestina, como productos que les generan amplia rentabilidad. 

Y en este tema de la inseguridad como consecuencia de la venta informal, no podemos dejar de mencionar el uso ilegal y tan frecuente de cilindros de gas por encima de la capacidad autorizada, con todos los altos riesgos consabidos de generar una tragedia. 


De acuerdo con la información recogida por Sector H de vecinos y residentes del sector, son muchos los impactos negativos que día a día se presentan en torno a la venta informal y que, en particular, desmejoran significativa y progresivamente su calidad de vida. Sigamos viendo algunos. 

 

  • Desaseo. Basta recorrer los fines de semana en horas de la mañana, la Calle 19A entre Avenida Ciudad de Cali y Carrera 92, trayecto que es uno de los más críticos o donde más se acentúa esta actividad de la venta informal en Hayuelos, para darse cuenta del uso irresponsable de los espacios públicos como parte del negocio de la venta informal, cuando un amplio número de recipientes desechados, resultado de la comercialización de los productos comestibles, son dejados “alegre” e irresponsablemente sobre las vías públicas, andenes y zonas verdes, a pesar de que en el sector existen canecas para ello. 

La Calle 19A entre la Avenida Ciudad de Cali y la Carrera 92, en Hayuelos, es uno de los puntos más neurálgicos de venta informal de la Localidad de Fontibón. Las disputas y conflictos entre residentes, vendedores y autoridad competente, por el uso del espacio público y por determinan quién tiene derecho y quién no, son permanentes. 


  • Insalubridad. Es claro entender que los productos comestibles que se ofrecen en la calle no cumplen ni han pasado por los obligados controles de calidad y medidas mínimas de aseo y salubridad que sí exigen las autoridades a quienes hacen parte de la venta formal. Sobre la vía pública, no existe ninguna medida ni manejo de alimentos con relación a los cambios de temperatura o forma óptima de conservación, por ejemplo, lo que evidentemente pone en alto riesgo la salud e integridad de sus múltiples consumidores. De igual manera, muchos de los productos que no fueron vendidos a diario en la venta informal, en una amplia mayoría, resultan dejados en las chazas o carritos de comida que a su vez son guardados en horas de la noche en parqueaderos abiertos y expuestos al paso permanente de insectos y roedores, entre otros. 

  • Bloqueo a paraderos del SITP. Después de que varios de los vendedores informales que se ubicaban en el separador de la Calle 19A fueran de allí retirados por la misma comunidad con el apoyo de la alcaldía local, al construirles unas jardineras en este lugar, la alternativa de dichos vendedores fue trasladarse a los andenes de enfrente del mismo separador, en donde permanecen ahora bloqueando, no solo el libre uso de los andenes por parte de los peatones, sino hasta las paradas de los buses del Sistema Integrado de Transporte Público que allí deben dejar o recoger pasajeros. 

  • Evasión de impuestos y explotación laboral a trabajadores. Es bien sabido que la venta informal no paga impuestos, ni servicios públicos, ni arriendo, como tampoco prevé el pago de seguridad o protección social, ni de prestaciones sociales de los trabajadores o vendedores que utiliza para ello, tipificándose la actividad como explotación laboral. 

  • Contaminación auditiva. El ruido y la contaminación auditiva propiciada por los altoparlantes y sistemas de amplificación de sonido que utilizan los vendedores informales, superan los niveles de ruido permitidos para ello. Casos particulares como el vendedor de mazamorra o el de helados en Hayuelos, son el pan de cada día. 

  • Disminución de calidad de vida y desvalorización de las propiedades. Es más que evidente que en un sector en donde las personas no pueden salir de manera segura, libre y abierta a caminar o a disfrutar de andenes, parques y demás espacios públicos, se reduce significativamente y en varios aspectos, su calidad de vida, disminuyendo a la vez, el nivel de valorización de sus inmuebles. 

  • Montaje ilegal de comercialización de espacios públicos. Y dentro de este rápido análisis de la problemática de la venta informal en los espacios públicos del Sector H, recogida de varios vecinos, no podemos dejar de resaltar que existen personas que, de manera ilegal, comercializan y cobran por el uso de determinados lugares, generando un mercado negro en donde la violencia y la ilegalidad imperan. 



El derecho al trabajo y la otra parte 


A estas alturas, no podemos dejar de mencionar el derecho fundamental de la contraparte, es decir, de los vendedores informales, al trabajo.  

 

Sabemos que todos tenemos derecho al trabajo y que en casos extremos y ante la necesidad, las personas se ven motivadas a realizar este tipo de actividad informal. Por eso, lo que defendemos y promovemos es que sí exista la venta informal, pero que sea ejercida de manera responsable y acatando lo establecido por las autoridades competentes (Alcaldía Local de Fontibón, Instituto para la Economía Social (IPES), Policía de Fontibón y Alcaldía Mayor de Bogotá y Concejo de Bogotá, entre otras); siempre, bajo su control, supervisión y las normas establecidas por ellas, en diversos aspectos, como garantes de la salud, la seguridad y la libre circulación en los espacios públicos de TODOS. 

 

De igual manera, el Instituto para la Economía Social (IPES) realiza permanentemente caracterizaciones en la zona, así como también, genera alternativa de solución para los vendedores, pero según lo que ha afirmado la misma Alcaldía Local de Fontibón, han ofrecido reubicaciones a todos y cada uno de los vendedores en nuevos sitios, tales como centros comerciales en los que el mismo IPES tiene cupos y en donde no se desmejoran sus condiciones ni la calidad de sus ventas, “pero la respuesta de los vendedores siempre ha sido que no les sirve”.  

 

Adicional y como una medida de protección al mencionado derecho al trabajo, la misma Corte Constitucional, en varias sentencias, ha prohibido los hechos represivos que se presentaban anteriormente por parte de la Policía, así como tampoco es ya posible decomisar o despojar a los vendedores de sus pertenencias y mercancías, marco del cual, no se pueden ya salir ni la Policía ni las alcaldías. 

 

Mientras tanto, las administraciones local y distrital, como el mismo Concejo Distrital, continúan buscando alternativas de solución, que -valga decirlo- en algunas localidades y sectores sí han dado resultados, pero al aun no haber una propuesta sugestiva para los vendedores de Fontibón, mediante la cual no sientan atropellados sus derechos y oportunidades, no se podrá implementar una política pública ni una solución viable y verdaderamente eficaz, la cual sigue siendo una responsabilidad y tarea pendiente por hacer, por parte de dichas administraciones. 

 

Por más “reuniones con residentes, acuerdos firmados, aplicación del denominado urbanismo táctico, visitas de entidades, controles de tránsito, cambio de destinación de zonas, operativos con todas las entidades, ofertas de productos a domicilio”, que dice la Alcaldía Local de Fontibón que viene implementando, lo único cierto es que la problemática sigue sin ser resuelta, siendo las quejas de los vecinos más que justificadas, así en muchos casos, no les gusten o no sean bien recibidas por los funcionarios públicos locales. 

 

La situación en Fontibón Centro 

En la ciudad de Bogotá, durante la época de fin de año se intensifica la invasión desaforada al espacio público. En particular, en la Carrera 100 entre Calles 18 y 20, en pleno Fontibón Centro, el caos fue y es total. Mientras en esta vía principal la venta informal invade los carriles vehiculares, dejando solo uno de libre circulación, a los peatones no les queda otra opción que invadir también y caminar por las calzadas con los carros. 

Por su parte, la alcaldía local y las autoridades competentes desatienden el sentir ciudadano en ese tema y continúan mirando para otro lado. 


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