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Vándalos de lujo

Actualizado: jun 12

Álvaro Toquica

Coordinador general del Observatorio Ciudadano de Fontibón (OC9) (*)


Se enfatiza en los desmanes que protagonizan ciudadanos en las jornadas de protesta, una minoría que no representa a los colombianos que inconformes con una muy reprobable gestión de gobierno, queremos alzar la voz en forma pacífica desde distintos escenarios, presumiéndonos en democracia.

Recordemos que originalmente “vándalos, bárbaros y villanos” son términos que se degradan a partir del uso que se les da en Roma, ya que eran pueblos reactivos al abuso del imperio.


Vándalos de lujo, algunos medios y sus “periodistas” manipuladores que juegan a favor de los abusadores y aprovechan sus privilegios para deslegitimar a todo aquel que denuncie o se oponga al lado oscuro del establecimiento; vándalos porque de manera conveniente, no destacan las raíces históricas de la manifestación popular, como el saqueo sistemático de los recursos de la nación, la cojera de la justicia, la falta de oportunidad y la inequidad.


Pandillas de vándalos y saqueadores, políticos y empresarios ellos, ladrones de cuello blanco que suelen no responder por sus delitos y siguen adelantando sus contubernios en los desayunaderos del Hotel Tequendama y el Club el Nogal, y caminan sonrientes por los corredores de los edificios públicos, haciendo alarde de su poder y sus privilegios.

Vándalos, los regímenes presidenciales que traicionando el principio de la independencia de poderes, cooptan los espacios de justicia y control para favorecerse con una justicia a la medida.

Vándalo el suegro de Vicky Dávila, Lucas Gnecco, exgobernador del Cesar, condenado a seis años y dos meses de prisión (domiciliaria) por irregularidades en contratación en el sector educativo y vándala Vicky, por su conveniente postura periodística.


Vándalos, ciudadanos de visión nublada, que desde sus sillones mullidos deslegitiman la protesta social, enfatizando en el daño a lo público, vándalos ellos que siguen apoyando ciegamente a los verdaderos saqueadores y atacan el pensamiento diferente con menciones al “castrochavismo” y al “mamertismo” (¿de qué hacienda habrán surgido estos términos?), sin mejor argumento que el de asociar los movimientos alternativos con la situación en Venezuela.


Vándalos quienes desde las juntas administradoras locales, los concejos municipales o los consejos de planeación local, aprovechan para dar una mordidita al erario público.


Vándalos aquellos que en jornada electoral toman ventaja de la palestra pública, en busca de un electorado en los más necesitados; los adormilan con sus discursos mentirosos que prometen “bajar impuestos y subir los salarios de los trabajadores colombianos” (textual), oportunidades para trabajar y hacer empresa y un no rotundo al uso del fracking.


Vándalo Darío Acevedo, director del Centro Nacional de Memoria Histórica, que en un país de masacres, desplazamientos y desapariciones forzadas, se toma el atrevimiento de poner en entredicho el conflicto armado interno.

Vándalos quienes combaten con mermelada el desempleo de sus pares, creando altas consejerías donde puedan estos retirarse a descansar (léase “trabajar”).


Vándalos los que le dieron la espalda a la Ley de transparencia y quienes en tiempo de necesidad extrema, promueven la compra de camionetas y aviones en un país que necesita comida y trabajo.


Vándalos quienes pusieron sus oscuros intereses personales por encima de los de la nación y promovieron las noticias falsas en tiempos del Acuerdo de Paz.


Y vándalo, por excelencia, el personaje que hizo de Colombia un campo de batalla para su guerra personal con la guerrilla, acabó con empresas del estado y promovió, a la par de Santos y Gaviria, el inequitativo negocio de los Tratados de Libre Comercio TLC).


Todos ellos son los verdaderos “vándalos”.


(*) Diseñador industrial y especialista en Desarrollo Social.

atoquica@gmail.com



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