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Wisława Szymborska: la ganadora del Nobel de Literatura que defendió la importancia de “no saber”

En su discurso de aceptación del más importante galardón de las letras la poeta polaca resaltó: “Si Isaac Newton no se hubiera dicho ‘no sé’, las manzanas en su jardín podrían seguir cayendo como granizo, y él, en el mejor de los casos, solamente se inclinaría para recogerlas y comérselas”.


Sala de redacción Infobae*

Wisława Szymborska


Wislawa Szymborska fue una poeta polaca, galardonada con el Nobel de Literatura de 1996, destacada por unos textos profundos y directos y el inteligente uso de la ironía en medio de acontecimientos tan difíciles como la ocupación nazi de Polonia o la Segunda Guerra Mundial.


Nació el dos de julio de 1923 en Cracovia y no solo escribió poesía, también realizó ensayos, cuentos y traducciones, que inició desde que estuvo en la Universidad Jagellónica, donde estudió Lengua y Literatura polaca.


En 1939, cuando tenía dieciséis años, fue testigo de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, cuando los soldados desfilaban heridos y los nazis mostraban los horrores que podían llegar a realizar. Al final de la guerra asistió a un recital poético donde escucharía al también poeta Czeslaw Milosz, uno de los más influyentes de su país en el siglo XX y quien sería su amigo en el futuro, y a Adam Wlodek, quien se convertiría en su primer esposo.


Entre los años que estuvo en la universidad publicaba en los periódicos y revistas su poesía y en algún momento trabajó como secretaria, ilustradora y como crítica. Publicó su primer poema Sukam Slowaw” (”Buscando la palabra”), en el periódico polaco Dziennik Polski, en el año 1945, pero fue solo hasta 1952 que publicó su primer poemario, “Dlatego żyjemy” (”Por eso vivimos”), inspirado en su ideología política, vinculada a lo que se conoció como el realismo socialista, al igual que su segunda antología, que apareció en 1954 Pytania zadawane sobie” (”Preguntas hechas a una misma”).


Sin embargo, desencantada del comunismo y de la imposición que se sentía en todos los aspectos de la vida polaca por parte de la Unión Soviética, llegó incluso a rechazar esas primeras publicaciones, tras la edición, en 1957, de Wołanie do Yet” (”Llamada al Yeti”), donde compara a Stalin con el Yeti, la tenebrosa criatura imaginaria.


A partir de sus primeras publicaciones también se dedicó a traducir obras del francés y a lo largo de su carrera recibió honores y reconocimientos, incluyendo el Nobel de Literatura, que ganó en 1996.

En los sesenta años que estuvo escribiendo creó alrededor de 200 poemas, que van desde las reflexiones profundas y los dilemas filosóficos hasta el humor, escapando de los grandes temas.


Una de las cosas que se destacan de la galardonada fue que no le gustaba mostrar sus sentimientos o incluso hablar de ella misma. Cada vez que un periodista la buscaba para eso, prefería alejarse.


Entre su trabajo literario se puede encontrar: Paisaje con grano de avena, El gran número, Lecturas no obligatorias, Instante, Dos Puntos, El gran número, Prosas reunidas, Correo literario, Canción negra, entre otros.


Debido a su distanciamiento con el marxismo, en parte en solidaridad con su compatriota, el filósofo Leszek Kolakowski, quien terminó calificando al marxismo como “la mayor fantasía del siglo XX”, Szymborska devolvió su carné del partido comunista y debió dejar de publicar en Zycie Literackie, un conocido semanario polaco de literatura y cultura, de donde viene parte de la obra que posteriormente recopilaría en “Lecturas no obligatorias”, una colección de textos escritos entre 1968 y 2001.


El libro incluye textos de divulgación científica, historia, biología, estadística, terrarios, moda, horticultura, brujas, astrología, alfabeto chino, geología, enfermedades caninas, arreglos florales, gladiadores romanos, grafología, entre otros, lo cual, han destacado los críticos, da cuenta de ese afán constante de descubrir todo aquello que no conocía, como resaltó en su discurso de aceptación del premio Nobel.


“Un poeta, si es un verdadero poeta, debe repetirse también: “yo no sé”. En cada nuevo poema trata de contestar, pero a cada punto final una nueva duda lo invade, una nueva pregunta, y la convicción de que se trata, una vez más, de una respuesta provisional e insuficiente. Entonces, empieza una vez más, hasta que un día los doctores en letras ponen en una enorme carpeta todas las pruebas de su insatisfacción y le llaman “su obra”.


Wisława Szymborska


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