¡Colombia tiembla por dentro y por fuera!
Un país que, si bien no es el paraíso, solo le faltaría la paz para serlo.

Sandra Castiblanco Lozano
Licencianda en Educación Comunitaria con Énfasis en Derechos Humanos
Un desborde de compasión se vivió y se sigue viviendo por estos días en la capital. La ciudad que pocos quieren y que muchos critican, se volcó a ayudar a las víctimas del terremoto de 7.4 en la escala de Richter, ocurrido el pasado 10 de agosto.
La realidad cambió en tan solo 90 segundos, según los expertos. Pero para un país entero, la tierra tembló más de tres minutos. Esos mismos minutos que transformaron la vida de cientos de familias que pasaron de tenerlo todo a no tener nada. Y no me refiero a lo material, sino a sus seres queridos y a sus animales de compañía, muchos de los cuales aún permanecen desaparecidos o sepultados bajo los escombros.
Más allá de las grietas que dejó el desastre, lo que verdaderamente está fracturado es el corazón y la razón de muchas personas que no sueltan su bandera de odio.






Totalmente de acuerdo con Sandra. Es increíble que ni en los momentos más difíciles, cuando la tierra literalmente se nos mueve, algunos puedan soltar el rencor. Nos falta mucha empatía como sociedad; la verdadera reconstrucción no es solo de ladrillos, sino de cómo nos tratamos entre nosotros.