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De los movimientos revolucionarios a las narcoeconomías

  • Foto del escritor: Fidel Vanegas Cantor
    Fidel Vanegas Cantor
  • hace 3 días
  • 2 Min. de lectura
Collage que muestra minería ilegal en Colombia: trabajadores en zonas de extracción, presencia de hombres armados y una avioneta fumigando, representando el impacto ambiental y el control territorial de economías ilícitas.

Fidel Vanegas Cantor

Ingeniero Agrónomo


Explotaciones fraudulentas de oro en 20 departamentos y 181 municipios, para una afectación de 94.000 hectáreas y 1.120 ríos y quebradas, son parte de los antecedentes de este desastroso fenómeno que fueron las revoluciones con motivo político, del siglo pasado: La rusa de 1914, la china de 1.949 y la cubana de 1959.


En nombre de estas revoluciones, fueron creados grupos que se decían revolucionarios. En Colombia, según el patrón que imitaban: las FARC, la rusa; el ELN, la cubana y el EPL, la china. En 2017 se firmó un Acuerdo de Paz con las FARC para finiquitar las hostilidades, con lo que entregaron estos las armas y parcialmente recursos. Por su parte, el gobierno hizo propuestas de entrega de tierras a los amnistiados. Aun así, el cumplimiento ha sido precario porque los gobiernos siguientes no les han dado la tierra y la guerrilla no ha devuelto todo lo prometido, mientras hay un brazo que no se acogió a la paz, las denominadas Disidencias de las FARC, grupo que junto con otros, como el Cartel de Golfo o Gaitanistas; degeneraron en fines narcoeconómicos.


Estas narcoeconomías comenzaron con cultivos de marihuana, después de coca (precursor de la cocaína) y luego de minerías ilícitas como petróleo, coltán y oro, cuyo crecimiento se explica por el abandono de los gobiernos pasados a las comunidades campesinas, las que fueron abandonadas a su suerte y sufrieron de la competencia de países más avanzados que supieron manejar el problema agrario, incluso con programas de Reforma Agraria.


Son 6 grupos de departamentos en los cuales la minería ilegal rentó US$ 8.415 millones en 2.025, recursos que son manejados por los grupos al margen de la ley que ya no pretenden tomar el poder en las capitales, pues dominan los territorios y los litorales para su comercio y contrabando. Por lo anterior, la llamada Paz total no tiene justificación y los grupos armados continúan con su poder en gran parte del territorio nacional.


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