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El legado de Ratzinger

En Carpeta

Por Hernán Alejandro Olano García


Un estudioso, erudito culto y refinado, políglota al manejar más de nueve idiomas, amante de los gatos y de la música clásica, que se preguntaba permanentemente ¿qué es la razón?, ¿qué es la fe?, ¿Cómo pueden vivir fe y razón/razón y fe?, ha dejado de existir, habiendo ocupado el trono de Pedro como su 265° sucesor por ocho años y luego de casi diez sin gobernar la barca del pescador, desde su sorpresiva renuncia, no obstante haber dicho: “no se debe dimitir cuando las cosas van mal, sino cuando la tempestad se ha calmado”. Y, es que “Si un Papa no recibiera más que aplausos, debería preguntarse qué es lo que no está haciendo bien”.

Tenía por mascotas varios gatos, que se habían convertido en sus fieles compañeros cuando vivía frente al Vaticano, antes de convertirse en la máxima autoridad de la iglesia.


Cuando adoptó el nombre de Benedicto XVI en 2005 y “se mudó a la Santa Sede no pudo llevar consigo a sus gatos por lo que se vio obligado a dejarlos en el apartamento donde residía”. En ese momento no solo tuvo que alejarse de sus mascotas, sino también de su piano y de su biblioteca personal que cuenta con más de 20.000 libros, siendo esta otra de las aficiones del pontífice.


A Benedicto XVI le gustaba mucho la comida en el Sótano del Mesón Bávaro, allí hay una mesa siempre reservada para el cardenal Ratzinger que tiene una foto suya y unas cartas de agradecimiento. Cuando ya fue elegido papa, solicitaban que la comida bávara, que es muy tradicional, se la llevaran para el día del cumpleaños. Y una vez siendo papa emérito en el monasterio Mater Ecclesiae, también le enviaban del Mesón Bávaro la comida en cada cumpleaños.


Es de aclarar que hizo parte, como cualquier Boy Scout norteamericano, de la versión alemana, llamada las Juventudes Hitlerianas, pero nunca participó de acciones de guerra y que realmente desertó del Servicio Imperial de Trabajo en el estado austriaco de Bungerland, luego de haberse licenciado de las fuerzas de defensa antiaérea el 10 de septiembre de 1944. Precisamente, el padre de Benedicto siempre había dicho que Hitler era un criminal. Joseph fue prisionero de guerra de los norteamericanos.


¿Quién fue Benedicto XVI? “ante todo he intentado ser un pastor”, fue la frase de 2016 pronunciada por el papa emérito en la entrevista con Peter Seewald, donde analizó los ocho años de su pontificado y su vida entera con total franqueza y manifestándose como un verdadero cooperador de la verdad, su lema pontificio que también quiso fuere su epitafio. Para él, “la preparación para la muerte consiste en aceptar la finitud de esta vida y en encaminarse interiormente hacia el encuentro con el rostro de Dios”, que era para lo cual se preparaba desde hace algunos años.


Su pontificado, como lo manifestó el 24 de abril de 2005 en la solemne misa de inicio del ministerio petrino, poseía un <<verdadero programa de gobierno>>, el cual era: “no hacer mi voluntad… sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca la Iglesia en esta hora de nuestra historia”.


Fueron 2872 días de pontificado, en los cuales promulgó 13 cartas apostólicas, 116 constituciones apostólicas, 144 cartas apostólicas y 3 encíclicas, pues la cuarta, lumen fidei fue promulgada por su sucesor, el papa Francisco. De igual manera, la trilogía de obras sobre Jesús de Nazareth ha sido destacada entre otros por el Nobel Mario Vargas Llosa, reconocido agnóstico, en un artículo publicado en L´Osservatore Romano, como la gran obra de la teología y de la historia que cualquier persona debería tener leída en su acervo intelectual.


Benedicto XVI presidió 352 celebraciones litúrgicas, concedió 340 audiencias, beatificó a 62 personas y canonizó a 28; de igual manera realizó 24 viajes fuera de Italia y 30 a las regiones de ese país y, de igual manera, más de 18 millones de personas acudieron a los diferentes actos públicos de su pontificado.


Igualmente, acogió a muchísimos sacerdotes anglicanos y a sus familias para vivir la fe en el catolicismo; designó a un musulmán como docente del Corán en la Pontificia Universidad gregoriana; nombró a un protestante presidente de la Pontificia Academia de las Ciencias; creó el Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización; realizó el compendio de la doctrina social católica; expulsó a más de 400 sacerdotes pederastas de la Iglesia, etc.


Benedicto XVI dentro de los jardines del Vaticano donde residió desde que renunció al pontificado en 2013


El legado de Benedicto XVI no sólo se circunscribe a su pontificado, sino también a su labor como catedrático de teología en Alemania, a su participación como perito del Concilio Vaticano II y, a su llegada a Roma desde 1981, cuando Juan Pablo II lo designó prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y Presidente de la Comisión Bíblica Pontificia y de la Comisión Teológica Internacional, habiendo hecho parte igualmente de la Congregación para las Causas de los Santos, de la Pontificia Comisión para la elaboración del Catecismo de la Iglesia Católica y, del conclave de 26 horas que culminó el 11 de abril de 2005, con su elección como pontífice de la Iglesia católica (suprimiendo el título de Patriarca de las Indias Occidentales) y el primer papa alemán en 482 años desde Adriano VI.


El “teólogo de Ratisbona, cómo debería ser conocido, o más bien que el “Mozart de la teología”, fue el primer Papa en prescindir de la tiara en su escudo pontificio y sustituirlo por la mitra episcopal, la cual utilizó como símbolo de cercanía con el pueblo, no obstante las críticas en su contra al denominársele por sus detractores como el “rottweiler de la Iglesia”, el “Panzer” o, el “pastor alemán”, por su misión de preservar el dogma desde la Congregación para la Doctrina de la Fe, antiguo “Santo Oficio”.


Fue el primer Papa en mil años y, el primer pontífice realmente reinante de toda la historia en anunciar su renuncia a partir del 28 de febrero de 2013, luego de darla a conocer el 11 de ese mes y año, con conciencia de la responsabilidad y consciente de la gravedad de la decisión, ante la falta de fuerzas para realizar plenamente su servicio hasta el último momento.


Después de moderar el pontificado de Francisco a través de la autoridad moral que le imprimía haber sido igualmente el guardián del dogma, el Papa argentino queda en libertad de realizar otros ajustes al interior de la Iglesia católica que requiere un aggiornamiento, pero que sin duda, igualmente, no puede dejarse llevar por la dictadura del relativismo y la secularización o mundanización de la Iglesia, tan combatidas durante el pontificado de Ratzinger, al igual que las ideologías hegeliano-marxistas y “las olas de la época”.


Precisamente, se supo a través del secretario de Benedicto XVI, el arzobispo alemán Georg Ganswein, que al papa emérito se le rompió el corazón cuando Francisco limitó la posibilidad de oficiar misas en latín.

Y, es que, como lo expresara Benedicto XVI, “la mayor persecución no viene de los enemigos de fuera, sino que nace del pecado de la Iglesia”; por eso, entre la “suciedad de la Iglesia”, frase que utilizó en 2005, estaban los Vatileaks, el “cuervo” Paolo Gabriele, su mayordomo; terrorismo, homicidios, malas inversiones económicas, corrupción, pederastia, homosexualidad, son, entre otras, las palabras que para los críticos representan el pontificado de Benedicto XVI, al igual que su lucha por conservar el celibato sacerdotal y evitar la ordenación de mujeres, sumado a la participación de doce diócesis alemanas como socias de la editorial Weltbild dedicada entre otras a las publicaciones eróticas y esotéricas; la excomunión a los obispos lefebvrianos y los diálogos fracasados con la Fraternidad de San Pío X, protagonista del cisma francés de 1976, que no aceptó el Concilio Vaticano Segundo; así como el ascenso a obispo del sacerdote ultraconservador Gerard Wágner, quien en Austria acusó de satanismo a los libros de Harry Potter y manifestó que el huracán Katrina era el castigo divino porque en Nueva Orleans se había constituido en la actual Sodoma y Gomorra ,a lo que se sumó el escándalo de los Legionarios de Cristo y los abusos del “falso profeta de vida inmoral”, como calificó en 2010 Benedicto a Marcial Maciel su sacerdote fundador, quien fuere suspendido a divinis por el Papa hasta su muerte, hecho que acaeció en Miami en el 2008. Pero sin duda, una de las personas que más daño le hizo al pontificado de Benedicto XVI fue su Secretario de Estado el cardenal salesiano Tarsicio Bertone, sobre quién pesan graves señalamientos y no obstante la reunión que tuvieron en Castelgandolfo con Benedicto XVI en abril de 2009 los cardenales Bagnasco, Ruini, Scola y Schönborn, el Papa les contestó: “Bertone se queda”. Todo eso lo señalaba Benedicto con una frase: “En un organismo con varios miles de personas es imposible que no exista más que puro bien”.


El estilo de vida de Benedicto XVI, casi monacal, pero en los Palacios Apostólicos, hizo que Francisco decidiera rechazar vivir en los apartamentos vaticanos y viviera en la Casa Santa Marta, mientras que los últimos diez años, Ratzinger se apartó a una vida de oración y meditación en el Monasterio Matter Ecclesiae, dentro de los jardines vaticanos. Allí prefería seguir degustando en su desayuno leche, café descafeinado, pan con mantequilla y mermelada; luego los macarrones con salmón y nada de manjares complicados para el almuerzo, mientras su cena se componía de sopas o una simple taza de leche. Benedicto sólo consumía el vino de la misa, no obstante, le gustaba un postre, apodado jocosamente por él como las vírgenes borrachas, que son una magdalena aliñada con algunas gotas de licor.


Las Memores Domini de Comunión y Liberación: Carmela, Loredana, Cristina y Rossella, junto con el Arzobispo Ganswein, eran realmente la única familia del Papa, ya que su hermano Georg y su hermana María, quien por 34 años le había ayudado como secretaria y llevando la casa, falleció soltera el 2 de noviembre de 1991.


Durante el pontificado de Benedicto XVI, se presentó un notorio avance en relación con el humanismo y la tecnología; el Papa emérito quiso, en su tercera encíclica, Caritas in veritate, del 29 de junio de 2009, dedicar el último capítulo, numerales 68 al 77, El desarrollo de los pueblos y la técnica, lo que se encuentra unido al progreso de cada hombre, con sus propias limitaciones, expresando que “El desarrollo de la persona se degrada cuando ésta pretende ser la única creadora de sí misma” y, en forma análoga, se considera que el desarrollo de los pueblos se degrada cuando la humanidad piensa que puede recrearse con el uso de los «prodigios» de la tecnología, proscritas en 2019 por Francisco como “las nuevas formas de esclavitud”, así como Benedicto XVI lo señalaba previamente en la Encíclica (2009).Para el pontífice emérito, el crecimiento antinatural y consumista, que oprime el alma y que se desprende de la mala utilización de los medios técnicos, el progreso tecnológico y las nuevas aplicaciones, que comprometen la autonomía y la libertad de los hombres y nos hacen <<esclavos>> de las cosas, sin percatarnos que nuestra misión está es en tener una libertad humanizada, no arbitraria, que nos encadena y nos aniquila, a la vez que nos aleja del “...mandato de cultivar y custodiar la tierra...” Benedicto XVI (2009).


“...es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y agentes políticos que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común.”

El rostro ambiguo de la técnica “Nacida de la creatividad humana como instrumento de la libertad de la persona, puede entenderse como elemento de una libertad absoluta, que desea prescindir de los límites inherentes a las cosas.” Benedicto XVI (2009), así como su absolutismo, hace que ésta se vuelva una nueva ideología, la cual transforma a la persona hasta ahogarla en medio de una mentalidad tecnicista, que puede encontrar un ápice de salvación cuando se da cuenta de la responsabilidad moral que enfrenta y, “De ahí la necesidad apremiante de una formación para un uso ético y responsable de la técnica.” Benedicto XVI (2009) Para ello, Se necesitan unos ojos nuevos y un corazón nuevo, que superen la visión materialista de los acontecimientos humanos y que vislumbren en el desarrollo ese «algo más» que la técnica no puede ofrecer. Por este camino se podrá conseguir aquel desarrollo humano e integral, cuyo criterio orientador se halla en la fuerza impulsora de la caridad en la verdad. (Benedicto XVI, 2009).


La única forma de tener una mentalidad tecnicista transparente es cuando se mira desde el humanismo al desarrollo, el cual “...es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y agentes políticos que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común.” (Benedicto XVI, 2009), que refleje valores universales, entre ellos la búsqueda de la paz:(...) como un producto de la técnica, fruto exclusivamente de los acuerdos entre los gobiernos o de iniciativas tendientes a asegurar ayudas económicas eficaces.


Es cierto que la construcción de la paz necesita una red constante de contactos diplomáticos, intercambios económicos y tecnológicos, encuentros culturales, acuerdos en proyectos comunes, como también que se adopten compromisos compartidos para alejar las amenazas de tipo bélico o cortar de raíz las continuas tentaciones terroristas. No obstante, para que esos esfuerzos produzcan efectos duraderos, es necesario que se sustenten en valores fundamentados en la verdad de la vida. (Benedicto XVI, 2009) Así, Benedicto XVI quiere aclarar que “...es preciso escuchar la voz de las poblaciones interesadas y tener en cuenta su situación para poder interpretar de manera adecuada sus expectativas.” Benedicto XVI (2009), algo que es de inestimable valor, por considerarse directamente a la población comprometida.


El sentido plenamente humano de la paz, así como del desarrollo, que “...debe abarcar, además de un progreso material, uno espiritual...” (Benedicto XVI, 2009), dice el Papa emérito, está indisolublemente unido a los medios de comunicación social (Benedicto XVI, 2009), que para bien o para mal están presentes para “...imponer parámetros culturales en función de proyectos de carácter ideológico y político.” (Benedicto XVI, 2009) y, “...el mero hecho de que los medios de comunicación social multipliquen las posibilidades de interconexión y de circulación de ideas, no favorece la libertad ni globaliza el desarrollo y la democracia para todos.” (Benedicto XVI, 2009), lo cual genera para nosotros preocupaciones acerca del papel de la tecnología mediática como usurpadora de un humanismo personalista, que vulnera la dignidad de las personas y de los pueblos. Ese ataque de la tecnología al humanismo es parte de lo que ya Pablo VI en Populorum Progressio, 258, había llamado “la cuestión social”, que como cuestión antropológica, implica “...no sólo el modo mismo de concebir, sino también de manipular la vida, cada día más expuesta por la biotecnología a la intervención del hombre.” (Benedicto XVI, 2009).


¿Qué le queda por hacer a Francisco ahora que Benedicto ha fallecido? En primer lugar, permanecer en la cátedra petrina, pues no estaría bien renunciar pronto; en segundo lugar, culminar con las reformas que se propuso hace ya una década; en tercer lugar, cuidar la liturgia “eje y quicio de la fe y de ella depende el futuro de la Iglesia”, decía Benedicto; en cuarto lugar, frenar la descristianización de Europa y acrecentar la fe y las vocaciones en el resto del mundo, formando y sosteniendo la conciencia de los valores y de la cultura de la vida; y, en quinto lugar, tener en cuenta la frase de un cardenal inglés del siglo XVI, Reginald Pole: “la cruz es el verdadero lugar del Vicario de Cristo”.


¿La razón? Precisamente la expresó hace algunos años Benedicto XVI al decir que “salta a la vista que hoy el cristianismo ya no es sinónimo de cultura moderna y que la forma fundamental cristiana ha dejado de ser determinante. En la actualidad vivimos una cultura positivista y agnóstica, que se muestra crecientemente intolerante al cristianismo”.


Se fue un grande, Benedicto XVI, su humildad lo llevó a contestar cuando le preguntaron ¿qué le dirá al Todopoderoso cuando esté delante de él? “Le pediré que sea indulgente con mi insignificancia”.

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