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  • José Cerero

¡La contaora de historias!

Gestión del propósito de vida

Ella sabía que pronto moriría; lo intuía… Nunca dijo nada; siempre nos los mantuvo oculto, hasta el día en que decidió despedirse… Sabía que el envejecimiento de su piel traía una razón oculta que no quería aceptar. Eran casi 80 años en la dura vida de Hortensia, una campesina de un carácter fuerte hecho con la dureza que forja el trabajo de una madre soltera con 7 hijos y el rigor del desplazamiento forzado hacia una ciudad indolente con las necesidades ajenas.


Era una mujer reflexiva y llena de historias, que le encantaba compartir, esa su gran pasión, dotada de la sabiduría que mostraban sus canas. Siempre al lado de Hortensia, había algo para aprender o reflexionar. Disfrutaba del silencio y las experiencias vividas, aunque fueran dolorosas y de lecciones aprendidas, de una puesta de sol, como de una tarde de lluvia, de los momentos más abundantes, como aquellos que le fueron más esquivos.


Siempre con una sonrisa y una gran disposición, nos entregó sus largas y reflexivas historias con las que pasábamos horas y horas escuchando sus relatos, eran espacios de conocimiento profundo e inspiradores donde ella era generalmente la protagonista; era una delicia escuchar y solo escuchar mientras la imaginación volaba por entre figuras abstractas que con sus palabras tomaban forma, era mágico y hasta transpersonal, por que lograba que viviéramos la historia estando en ella. Era extraordinario.


Deja a las personas, mejor de como las encontraste en su andar.


La sabiduría y claridad del propósito de vida de Hortensia era innegable; siempre estaba entregando sus historias con una dosis de causa, buscando aportar desde su mirada y experiencias, una posibilidad para vivir con razón y sin prisa; nunca evangelizaba o corría sus palabras por la ladera de las verdades únicas, era natural como única, conversaba y nada más; sus palabras siempre llevaban dosis de esperanza y luz para el alma.


Era sencillamente alucinante escucharla hablar; sus historias encausadas hacia la búsqueda de la verdad, generalmente estaban llenas de puntos suspensivos o signos de exclamación, que dejaban la historia en el punto más impactante posible y con una dosis de sabiduría como de otro mundo y que había acumulado por los años.


Su legado.

Es nuestra obligación dejar una huella positiva y de crecimiento en los demás, en el paso por este mundo, nos decía e instaba a entender que antes de morir, deberíamos retribuir al mundo de alguna manera significativa por todos los favores recibidos, entregando conocimiento y experiencia adquirida para que las nuevas generaciones se nutriesen de ello.


Hortensia jamás dejo de entregar su propósito, aun en su lecho de despedida; murió contando su propia historia y ocultando el llamado de su partida. Ella sabía que pronto moriría. La generación que aprendió a contar historias para alegrar y mejorar el mundo, lo intuía…


Su voz y lecciones de vida seguirán tocando las vidas de muchos a través de quienes tuvimos la fortuna de ser sus discípulos, algunos de los cuales decidimos continuar como contaores de historias, con el único propósito de como decía Hortensia: “y no olvides dejar este mundo mejor de como lo encontramos en nuestro andar”.


En memoria de todas las abuelas y abuelos de la generación de hierro, que nos enseñaron a vivir con propósito y entrega al otro y gratitud por siempre, con la contaora de historias de mi vida, la apreciada Hortensia.


1 Comment

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Guest
Jun 25
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Excelente relato muy cierto, no podemos pasar por esta vida sin intentar dejar una huella positiva.

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