top of page

La herida que sigues alimentando en silencio

  • Foto del escritor: Anyela Díaz Valderrama
    Anyela Díaz Valderrama
  • 25 abr
  • 2 min de lectura
…Porque ese niño interior no necesita que sigas sobreviviendo, necesita que lo mires, que lo escuches y que, por primera vez, le des amor profundo.

Anyela Díaz

Mentora y Coach de Riqueza y Bienestar


Niño mirándose en el espejo con rostro de estar pensando en sus vivencias del pasado

Hay una verdad que duele aceptar: lo que más te lastimó en tu infancia, probablemente no fue lo que terminó de romperte, sino todo lo que empezaste a hacer contigo después de eso.


Porque sí, hubo momentos en los que no te entendieron, en los que te exigieron demasiado, en los que sentiste miedo, rechazo o abandono. Pero lo más fuerte es que, sin darte cuenta, aprendiste a tratarte de la misma manera. Aprendiste a hablarte con dureza, a exigirte perfección, a invalidar lo que sientes y a seguir adelante, como si nada hubiera pasado.


Hoy no eres ese niño indefenso. Hoy eres adulto. Pero ese niño interior sigue viviendo dentro de ti y sigue sintiendo cada vez que te criticas, cada vez que te comparas, cada vez que te dices que no eres suficiente. Cada vez que te abandonas por encajar, cada vez que eliges relaciones que te duelen, cada vez que te exiges más de lo que puedes sostener. Ahí estás repitiendo la historia.


Y aunque duele aceptarlo, hoy ya no son otros quienes te están lastimando… Eres tú quien sigue sosteniendo ese maltrato en silencio. No porque quieras, sino porque fue lo que aprendiste; pero puedes desaprenderlo.


Sanar no es solo entender lo que pasó; es hacerte responsable de lo que haces contigo hoy. Es dejar de justificar el autocastigo y comenzar a construir una relación diferente contigo mismo. Porque ese niño interior no necesita que sigas sobreviviendo, necesita que lo mires, que lo escuches y que, por primera vez, le des amor profundo.


Te invito a hacer algo que puede incomodarte, pero también puede transformarte profundamente. Busca un espacio en silencio. Toma una hoja y escribe una carta como si ese niño estuviera frente a ti. No escribas bonito, escribe honesto. Dile cómo lo has tratado durante todos estos años. Reconoce las veces que lo ignoraste, que lo exigiste, que lo hiciste sentir insuficiente.


Y luego, respira… y escribe otra parte: lo que a partir de hoy estás dispuesto a cambiar. No promesas vacías, sino acciones concretas. Cómo vas a hablarte, cómo vas a cuidarte, qué límites vas a empezar a poner, qué decisiones vas a tomar para no volver a abandonarte.


Léela en voz alta. Si duele, es porque es real. Y si es real, es el inicio del cambio. La vida que hoy tienes no es casualidad; es el reflejo de la relación que has construido contigo mismo. Y si esa relación sigue basada en el juicio, la exigencia y el abandono, nada afuera será suficiente, si no cambias desde tu interior. Si decides transformarla, todo empieza a cambiar.


Tal vez no puedas volver al pasado y hacer las cosas diferente. Pero sí puedes hacer algo mucho más poderoso: dejar de repetir el dolor en tu presente, porque el amor que tanto has buscado, está dentro de ti. Y hoy puede ser el día en el que, por fin, decidas volver a amar al niño que lleva tanto tiempo esperando por ti.


@anyeladiazv

1 comentario

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
Invitado
12 may
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Muy agradable encontrar en el periódico textos como este que nos conducen a la reflexión profunda.

Me gusta
Mesa de trabajo 2.png
bottom of page