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La reina Camila

Por Hernán Alejandro Olano García


Duquesa Camila de Cornwall


Una reina consorte, en el caso de la esposa del monarca, ese es el título que se le concede, pero, cuando la reina titular es una mujer, al varón se le da el título de príncipe consorte. En el caso de España más cercana a nuestros afectos e intereses, la reina Sofía, consorte del rey emérito, ha sido una figura muy querida por todas las personas, pues siempre ha sabido mantener su lugar, como hija de rey, hermana de rey y esposa


La Constitución española, expresa en su artículo 58, que “La Reina consorte o el consorte de la Reina no podrán asumir funciones constitucionales, salvo lo dispuesto para la Regencia”. La última vez que hubo en España una reina regente fue María Cristina de Habsburgo-Lorena, durante la minoría de edad del rey Alfonso XIII, proclamado como monarca al momento de su nacimiento, por ser hijo póstumo del malogrado Alfonso XII.


Hoy en día, si al monarca Felipe VI le ocurriera algo fatídico o se inhabilitare para el ejercicio de su autoridad y la imposibilidad fuere reconocida por las Cortes Generales, la reina consorte, doña Leticia, asumiría la Jefatura del Estado, pues la Princesa de Asturias aún es menor de edad. La Constitución, establece que es preciso ser español y mayor de edad para ser regente; esa Regencia se ejercerá por mandato constitucional y siempre en nombre del Rey y, lo único, es que, si la regente ejerciere la tutoría y contrajere nupcias, podrá ser regente, pero no tutora.

En el caso inglés, el reconocimiento de las reinas consortes ha cobrado fama en los últimos cinco siglos cuando Enrique VIII fue monarca, pues comenzó con Catalina de Aragón (hija de los reyes católicos, a quien repudió y se produjo el cisma anglicano), Ana Bolena (decapitada), Juana Seymour (fallecida en el posparto); Ana de Cleveris (con quien nunca se consumó el matrimonio y Enrique VIII le dio el título de “hermana del rey”); Catalina Howard, «la rosa sin espina», (prima de Ana Bolena y también falleció decapitada) y, Catalina Parr, la única viuda, pues sobrevivió al monarca.


Ha habido muchas otras reinas consortes, entre ellas, “la que no fue”, es decir Wallis Simpson, duquesa de Windsor, quien, por ser divorciada dos veces, no pudo, en su tercer matrimonio con Eduardo de Windsor ser reina, pues éste abdicó en favor de su hermano, Jorge VI, padre de Isabel II.


Para mí, el anuncio de la reina Isabel, con ocasión de su 70 aniversario en el trono, manifestando que cuando el devenir de los tiempos lleven al trono a su hijo Carlos y pidiendo que la Duquesa de Cornualles, quien además es duquesa de Rothesay y condesa de Chester sea la reina consorte, es, además del respaldo a la nuera querida, frente a la primera esposa del Príncipe de Gales, un gesto de modificación del dogma episcopal anglicano, pues Isabel, como “defensora de la Fe” y cabeza de la Iglesia, con este gesto permite que una mujer divorciada acceda al trono en condición de reina consorte y no solo de Duquesa, o esposa del rey, como se rumoraba hasta el 6 de febrero.

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