top of page

Leer no es terminar libros: Es quedarse con algo de ellos

  • Karen Marín Tarazona
  • hace 10 horas
  • 2 min de lectura
Porque un libro comienza a tener una segunda vida cuando sus ideas salen de las páginas y entran en nuestras conversaciones, decisiones y acciones.
Mujer en un libro abierto bajo un árbol nevado; un búho vuela sobre el agua al atardecer, en una escena mágica y cálida.

Karen Marín

Administradora de Mercados y Consteladora familiar


¿Cuántos libros has leído y, meses después, apenas recuerdas de qué trataban? Probablemente más de uno… Terminamos la última página, cerramos el libro y sentimos cierta satisfacción: misión cumplida. Un libro más leído. Pero después llega una pregunta incómoda: ¿qué quedó realmente de esa lectura? Quizás hemos confundido durante mucho tiempo, “terminar libros” con “aprovecharlos”.


Vivimos en una época que parece querer convertirlo todo en números o metas: pasos diarios, horas de ejercicio, seguidores, productividad… y también libros leídos al año. Nos proponemos leer diez, veinte o cincuenta libros, como si la cantidad fuera necesariamente una medida de crecimiento.


Pero leer no debería ser una carrera. Un libro puede tener trescientas páginas y dejarnos muy poco. Otro puede regalarnos, en una sola página, una idea capaz de acompañarnos durante años.


Entonces, ¿qué significa realmente leer bien? Tal vez significa detenernos cuando algo nos toca, o subrayar una frase, o volver a leer un párrafo, o cerrar el libro durante unos minutos para pensar, o preguntarnos qué tiene que ver aquello con nuestra propia historia de vida… Porque un libro comienza a tener una segunda vida cuando sus ideas salen de las páginas y entran en nuestras conversaciones, decisiones y acciones.


Pensemos, por ejemplo, en un libro sobre hábitos. Podemos terminarlo rápidamente y conocer todas sus recomendaciones. Pero si una sola de esas ideas nos ayuda a modificar una rutina que llevábamos años intentando cambiar, esa lectura ya produjo algo.


Lo mismo sucede con una novela. Tal vez no nos enseñe una técnica ni nos entregue una lista de pasos, pero puede permitirnos comprender una realidad diferente a la nuestra, mirar una relación desde otra perspectiva o sentir empatía por alguien cuya historia jamás habíamos imaginado.


Leer también es ampliar la mirada. Por eso, no todas las lecturas necesitan producir grandes transformaciones. Algunas simplemente nos entretienen, nos acompañan durante unas vacaciones o nos regalan unos minutos de tranquilidad antes de dormir. Y eso también tiene valor.


Lo importante es dejar de medir nuestra relación con los libros únicamente por cuántos terminamos. Podemos empezar a hacernos preguntas diferentes:


  • ¿Qué idea quiero recordar de este libro?

  • ¿Qué frase me hizo detenerme?

  • ¿Hay algo que quisiera poner en práctica?


Incluso, podríamos adoptar una costumbre sencilla: al terminar un libro, escribir en una libreta tres ideas que queremos conservar. Tres frases pueden ser suficientes. Con el tiempo, esa libreta dejará de ser un registro de libros y se convertirá en algo mucho más interesante: un mapa de las ideas que han acompañado nuestra vida. Quizás ahí está una de las mayores riquezas de leer.


Y cuando una idea logra acompañarnos fuera del libro, la lectura deja de ser simplemente algo que hicimos y se convierte en algo que incorporamos a nuestra vida.


Así que, la próxima vez que cierres un libro, antes de buscar inmediatamente el siguiente, haz una pausa y pregúntate: ¿Qué me llevo de aquí? La respuesta puede valer mucho más que haber llegado a la última página.


Leer no transforma la vida de inmediato, pero transforma la forma en que tomamos decisiones, una página a la vez.

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
Mesa de trabajo 2.png
bottom of page