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Que el viento en contra no acabe con mi emprendimiento

Actualizado: 27 feb

Por la alta incertidumbre empresarial y la necesidad de entender a usuarios y clientes o para emprender transformaciones culturales dentro de las compañías, la antropología empresarial es una herramienta auténtica.


Pluma & Papel

Por Hernán Acero Suárez Periodista cultural, comunicador y relaciones públicas


Cuando hablamos de emprendimiento, debemos adentrarnos en la cultura empresarial que una idea de negocios conlleva. El conocimiento empresarial es obligatoriedad de quien desea vencer en el mundo de la oferta y la demanda y triunfar en los negocios. Cabe anotar que la comunicación acompaña también estos procesos.


La sola idea de negocio no es suficiente por sí misma. Debe estructurarse. Para comenzar a ordenarla, debo ir al supermercado de las ideas transformadas en datos y estudiarlas. Luego ver sus viabilidades frente al mercado que impulsa mi idea de negocio y darle un orden para adaptarla a un diseño corporativo o empresarial. No importa que este diseño sea pequeño, pero sabemos que esto es importante para dar el primer paso.

Acudir a una herramienta útil como lo es la antropología empresarial, me ayudará muchísimo a definir el camino a seguir, entendiéndola como el método para aplicar socialmente mi reto de emprendimiento.


Antropología Empresarial es la disciplina que aplica las teorías y metodologías de la antropología social en la investigación de (o para) las organizaciones y sus ecosistemas. Hablar de este tema es necesario ya que el mundo se viene transformando hoy para hacerse más competitivo frente a la incertidumbre que envuelve a la economía del mundo, causada por la “pandemia creada” que nos hizo frenar en seco frente a la descomunal carrera que traíamos antes de 2020.


Por lo tanto, mi idea de negocio debe hacerse competitiva e innovadora. Alimentarme de toda la información posible y no guiarme apenas por el instinto que me puede hacer creer que mi idea es única y por lo tanto ganadora. Debo asegurar el éxito que persigo con mi iniciativa. Darle cuerpo a mi idea de negocio la hará más fuerte. La información está a la mano y se traduce en datos, los que se vienen convirtiendo en una religión: el dataismo.


Empresarios y consumidores se vienen alimentado de ese dataismo que ofrece un menú de entradas con tecnologías innovadoras y postres que dan poderes inmensos y nuevos, con el fin de incluirlo en los emprendimientos, para los primeros; y para los segundos, los consumidores se hacen cada vez más especializados en sus compras porque antes de elegir se orientan sobre calidad vs. precio, indagando para comprar a través de las plataformas digitales puestas al servicio de la transformación de la economía.


Pero, ¿cuál es el valor que le damos a la antropología en la empresa para estructurar mi idea de negocio? Porque no solo es entender qué voy a producir, sino cómo voy a producir para que me lo compren. Entonces a la cadena de valor, también debo integrar el mercadeo.


La información está a la mano y se traduce en datos, los que se vienen convirtiendo en una religión: el dataismo.

Debido a la alta incertidumbre empresarial y a la necesidad cada vez mayor de entender a los usuarios y a mis clientes o para emprender transformaciones culturales dentro de las compañías, la antropología empresarial es una herramienta auténtica, tanto en las empresas más innovadoras del mundo, como para el mundo de las agencias de investigación de mercados y, por supuesto, a menor escala, para los pequeños emprendimientos.


Cuando las empresas entienden que están inmersas en realidades culturales (de sus clientes, trabajadores y del propio mercado), entonces vuelven la mirada para acudir a los antropólogos. Entender el mercado es muy necesario para no quedarse en la mera imaginación pensando que como mi producto es bonito o porque es sabroso, ya conquisté a todos los consumidores enmarcados en mi nicho.


Dentro de las empresas, la antropología permite:

  • Entender en profundidad a clientes y usuarios.

  • Explorar nuevos contextos.

  • Descubrir nuevas tendencias, mercados y océanos azules de posibilidades.

  • Diseñar productos, servicios y experiencias, poniendo a los clientes en el centro.

  • Validar propuestas con el mercado.

  • Transformar la cultura empresarial de las organizaciones.

  • Mejorar la experiencia de usuarios y trabajadores.

  • Optimizar procesos y equipos internos

  • Reducir costes e incertidumbre

  • Minimizar el riesgo.


Si amplío el horizonte y fijo la mirada en las posibilidades, mi cultura empresarial también crece y de seguro que tendré menos riesgo de caer en el cementerio de los emprendimientos que sucumben con el primer viento en contra.

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