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¡Que viva la vagancia!

Si nos diéramos la oportunidad de tener espacios reales de descanso, donde conectemos con el aquí y el ahora, incluso a la hora de no hacer nada, nuestra productividad y efectividad se verían beneficiadas.


Eros & Psique

Por Xiomara Andrea Hernández Bernal*


Vago: palabra que proviene del latín vacuus y hace referencia a una persona sin oficio, perezosa, poco trabajadora y holgazana, según el Diccionario de la Real Academia Española. En esta oportunidad, traigo a colación esta palabra porque ha sido muy particular ver cómo a la gente que tiende a tomar un descanso de sus labores mayor a una semana o a los 15 días reglamentarios por ley, se le tilda de “vago” y hasta de “excéntrico”.


Estamos sumergidos en una ola de hiper-productividad tan alta que ni siquiera los niños se salvan de ella. Demos un vistazo. En Bogotá, un niño entra a estudiar en un colegio campestre a las 7 de la mañana. Si vive en el sector H, debe salir tipo 5:30 por tarde, para llegar a tiempo. Estudia hasta las 3 de la tarde, llega a casa a tomar la merienda, cambiarse y salir para el curso que corresponda (artes marciales, fútbol, música o danza, entre otros). Luego regresa tipo 5 de la tarde, a terminar las tareas que tenga pendientes, finalizando a eso de las 7 u 8 de la noche, quedándole tiempo solo de cenar y alistarse para descansar. Durante su larga jornada, no tuvo tiempo para algo tan básico y fundamental como es ser simplemente un niño.

Los adultos somos niños grandes; cambiamos el colegio por las largas jornadas laborales y todas aquellas responsabilidades del hogar que correspondan, vivimos en un corre corre infinito que nos mantiene con altos niveles de estrés, dejándonos escaso o nulo tiempo para algo fundamental como nuestro autocuidado, descansar y compartir tiempo con los demás o con nosotros mismos. Esto es tan frecuente, que quien toma un descanso, viaje o masaje de forma regular, se le considera que “no tiene nada más que hacer” o “no sabe en qué gastarse la plata”, porque descansar no es la norma.


Esto es un fenómeno que no surgió de la noche a la mañana, sino que proviene de la constante presión social de: “debes ser productivo”, “debes hacer algo”, “tienes que ser exitoso” o “el éxito es para los disciplinados”, reglas verbales que rigen nuestro comportamiento más de lo que imaginamos y en las que nunca escuchamos un “debes descansar”, pues se asume que descanso es sinónimo de vagancia, de pérdida de tiempo e improductividad.


Lo que no nos cuentan es que el cuerpo y la mente, como cualquier otra máquina, requieren de reposo y mantenimiento para poder producir, o si lo hacen, no damos el valor real al descanso. Somos fanáticos de llevar trabajo a casa, de estar de cuerpo presente y de mente ausente. Puede que usted diga que eso no le pasa, que usted es un multitarea y puede hacer varias cosas a la vez sin problema; sin embargo, le invito a hacerse la siguiente pregunta: ¿cuántas veces le ha pasado que estando en casa viendo una película en familia, usted está más conectado con su celular que con la película y su propia familia? “Muchas”, suele ser la respuesta más frecuente. Esto es apenas un ejemplo de la cantidad de veces que creemos que debemos ser productivos, no sólo en términos laborales sino en el número de responsabilidades o actividades que debemos realizar.

De igual manera, estimulamos el desarrollo de la serotonina y la dopamina, neurotransmisores asociados a estados de bienestar, placer y felicidad.

Si por el contrario, nos diéramos la oportunidad de tener espacios reales de descanso, donde conectemos con el aquí y el ahora, incluso a la hora de no hacer nada, nuestra productividad y efectividad se verían beneficiadas debido a que nuestra mente se alimenta del descanso. Al descansar, ya sea en reposo o haciendo alguna actividad recreativa e importante para nosotros, el cortisol -conocida como la hormona del estrés- logra disminuir. De igual manera, estimulamos el desarrollo de la serotonina y la dopamina, neurotransmisores asociados a estados de bienestar, placer y felicidad. Al tener una mejor modulación de estos y sus aliados, tendremos la posibilidad de estar más alertas, concentrados y ser más eficientes. Incluso, nuestro deseo sexual se verá altamente beneficiado, ya que si bien la actividad sexual puede reducir los niveles de estrés en cierta medida, esta se disfruta más cuando los niveles de tensión son menores.


Así que exijamos nuestro derecho a la vagancia laboral, a desconectarnos del corre corre del día a día y permitámonos conectar con el aquí y el ahora, con lo que es valioso, con el descanso, con el arte, la danza, los deportes, el croché o lo que sea que nos permita ser conscientes del valor del autocuidado.


Recordemos que la efectividad laboral no se mide por el número de horas sino por su optimización. Por ende, cuando nos damos la oportunidad de descansar adecuadamente, podremos ser más productivos en menos tiempo y nos sentiremos más plenos con nosotros mismos, lo que a su vez, mejorará la relación con los demás.


Así que, !que viva la vagancia!



*Xiomara Andrea Hernández Bernal Psicóloga – Magister en Psicología Clínica

xandypsico@yahoo.com @Soyxiomarahernandez

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