Época de cambio o “Cambio de época”
- Álvaro Toquica

- hace 14 horas
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Paradójico resulta es que en un mundo que requiere con urgencia mayor cooperación global, la confianza entre grandes potencias está en mínimos históricos.

Álvaro Toquica*
Diseñador Industrial y especialista en Desarrollo Social (*)
En el marco del reciente “Festival de economías para la vida”, llevado a cabo entre el 2 y el 4 de mayo en el Centro de convenciones Ágora Bogotá, el evento de cierre: “Hacia un nuevo orden económico mundial”, giró en torno a la idea central de que el orden internacional surgido tras la caída del Muro de Berlín se está diluyendo ante nuestros ojos y reforzando los cuestionamientos en torno a la hegemonía estadounidense, la primacía del dólar y la fe ciega en los principios de la democracia liberal, como los derechos y libertades individuales, el Estado de derecho (Rule of Law), la separación de poderes y controles, las elecciones libres y competitivas, el pluralismo y la tolerancia, la protección de las minorías y la economía de mercado.
En un verdadero cambio de época, la arquitectura misma del sistema se transforma, como lo vimos en el Siglo XX: en 1914, con el inicio de la Primera Guerra Mundial; en 1945, con el inicio del periodo de posguerra de la Segunda Guerra Mundial; y en 1989, con la caída del Muro de Berlín.
En el escenario actual, hay razones más que suficientes para comprendernos en uno de esos umbrales, debido no a un colapso súbito, sino a una degradación acumulada de sucesos como las guerras, la coerción económica, las potencias emergentes, las emergencias en el Sur Global, la proliferación de divisas de reserva alternativas y el debate interno en Estados Unidos de América (EUA).
El politólogo Charles Krauthammer acuñó en 1990 el término “momento unipolar” para describir la supremacía estadounidense tras la Guerra Fría, periodo que toca su fin, no porque EUA haya dejado de ser poderoso, sino porque otros actores han crecido lo suficiente para desafiar su autoridad. China representa hoy el 19% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial y lidera tecnologías clave, Rusia ha demostrado que puede desafiar a Europa sin encontrar respuesta disuasoria definitiva y, otros países, como India, Brasil, Arabia Saudita y Turquía, propenden por otros tipos de alineación que les permite comerciar con China, comprar armas a Rusia y mantener relaciones con Washington.
En enero de 2024, el bloque BRICS (inicialmente Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) incorporó a Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, señal inequívoca de que el Sur Global busca marcos multilaterales fuera de la órbita de Washington o Bruselas. Su agenda incluye reducir la dependencia del dólar, fortalecer el Nuevo Banco de Desarrollo como alternativa al Fondo Monetario Internacional (FMI) y reformar las instituciones globales que consideran diseñadas para perpetuar asimetrías históricas.
Las guerras en Ucrania e Irán han acelerado este reordenamiento. Las sanciones económicas y los ataque militares revelaron, tanto la potencia como los límites de los mecanismos de coerción, y la mayoría de países de África, América Latina y Asia se han atrevido a abstenerse en votaciones de la ONU, mostrando que la narrativa occidental de una “democracia global” unida tiene un eco débil, como lo ha tenido la planteada “Gran Norteamérica” (Greater North America), esa increíblemente absurda estrategia del gobierno de EUA -que hoy se ve cercana, bajo el próximo gobierno nacional de Colombia- para presionar la conformación de una zona de influencia y perímetro de seguridad suyo, que involucra Canadá, México, Groenlandia, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Cuba, República Dominicana, Haití y otras islas, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam y Ecuador.
Paradójico resulta es que en un mundo que requiere con urgencia mayor cooperación global, la confianza entre grandes potencias está en mínimos históricos, escenario en el cual, América Latina ocupa una posición singular: situada históricamente en la órbita de EUA, pero cada vez más integrada con otros actores como China, India y Rusia, la región navega entre el vaivén geopolítico y las oportunidades que abre la competencia entre potencias.
¿Tiempo de rebelión, acaso, para la nación y la región? El cambio de época parece ofrecernos -por igual- riesgos y oportunidades, razón por la cual, hacer buena lectura y caminar con pies de plomo, es lo conducente.
(*) Coordinador general del Observatorio Ciudadano de Fontibón (OC9).





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