No se puede avanzar en un país fracturado. Más allá de las grietas que dejó el desastre, lo que verdaderamente está fracturado es el corazón y la razón de muchas personas que no sueltan su bandera de odio, que incendian con sus palabras la armonía en la que deberíamos habitar. Un país que, si bien no es el paraíso, solo le faltaría la paz para serlo.