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Gestionar tus EMOCIONES es tu verdadero súperpoder

  • Foto del escritor: Anyela Díaz Valderrama
    Anyela Díaz Valderrama
  • hace 7 horas
  • 2 min de lectura
Al aprender a transitar el malestar en lugar de huir de él, descubrirás que tus tormentas internas siempre tienen un final.
Mujer con suéter beige se mira en un espejo en una sala colorida con plantas y textiles vivos, mano en el pecho, gesto sereno.

Anyela Diaz Valderrama

Mentora y coach de Bienestar Emocional

 

Sé que muchas veces te han dicho que tienes que ser fuerte, que mostrarte vulnerable es una debilidad y que es mejor tragarte las lágrimas o morderte la lengua.

 

Nos han enseñado a esconder la tristeza, la rabia o el miedo en un rincón oscuro, como si no formaran parte de nosotros. Sin embargo, quiero recordarte una verdad ineludible: tus emociones no se pueden enterrar sin pagar un precio muy alto. No viniste a este mundo a esconder lo que sientes, sino a abrazarlo, reconocerlo y aprender a caminar con ello.

 

Intentar ocultar lo que te duele es como querer mantener un balón inflado bajo el agua. Te desgastas con una fuerza descomunal para que nadie note nada, pero tarde o temprano la presión te vence. Ese balón sale disparado y se transforma en esa ansiedad que no te deja dormir, en una explosión de ira con quien menos lo merece o en un dolor físico en el pecho y el estómago. Es tu cuerpo gritando lo que tu boca calla. Por eso, el primer paso para sanar es detenerte, mirarte al espejo y validar tu sentir.

 

Nombrar lo que te pasa te devuelve el control. Cuando te permites decir "tengo miedo" o "me siento frustrado", la alarma en tu cerebro se calma. Tus emociones no son tus enemigas; son mensajeras que vienen a decirte que un límite fue cruzado, que hay un peligro cerca o que necesitas tiempo para procesar una pérdida. Para escuchar esos mensajes sin que te destruyan, te propongo integrar dos herramientas sencillas en tu rutina diaria:

 

1. Practica la pausa de los tres pasos. Cuando sientas que el mundo se te viene encima, frena, respira hondo y ponle un nombre exacto a tu emoción mientras descubres en qué parte de tu cuerpo se está escondiendo. Al nombrarla, le quitas su poder sobre ti.


2. Recuerda la regla de los 90 segundos. Científicamente, ese es el tiempo que dura una emoción en tu cuerpo, si no la alimentas con pensamientos trágicos. Cuando sientas que vas a estallar, regálate ese minuto y medio para respirar en silencio y verás cómo la ola empieza a bajar por sí sola.

 

Gestionar lo que sientes no significa volverte una persona fría o rígida, sino elegir qué hacer con esa energía. Sentir una rabia inmensa es completamente válido, pero lastimar a los que amas, no lo es. Al aprender a transitar el malestar en lugar de huir de él, descubrirás que tus tormentas internas siempre tienen un final.

 

Date el permiso de ser humano. El verdadero coraje no está en parecer inquebrantable, sino en tener la valentía de mirar de frente tu vulnerabilidad, abrazarla con ternura y transformarla en tu mayor fortaleza. ¿Qué emoción no has gestionado aún?...


@anyeladiazv

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