Sin abandonarme. Una conversación en la intimidad del alma.
- José Cerero
- hace 8 horas
- 2 Min. de lectura
“El poder de las palabras para acompañar el camino”.
Relato N° 37
José Cerero
Escritor y buscador de historias

Pasaban los días. Estábamos cruzando un invierno que destruía todo en ese lugar. Eran días raros cargados de cierta desesperanza. Llevaban el peso y el ruido de las calles de una ciudad que ahora me cansaba; ruidosa, malhumorada y llena de ataduras al sistema, que ya no toleraba. Y me encontré con una escena…
Ella estaba ahí, sentada frente a mí, como si el mundo a su alrededor no existiera. Su mirada no estaba en ningún punto fijo. Parecía, más bien, perdida en algún lugar dentro de ella. Sostenía sus manos con suavidad, casi como quien intenta no soltarse, y en su silencio había algo de peso e introspección.
El ruido de la ciudad seguía su curso, indiferente, pero en ese pequeño espacio todo parecía haberse detenido. Había una pausa extraña, profunda. Quise respetar ese momento, ese aparte de nuestra conversación, poniendo silencio en mis palabras. No dijo nada al inicio. Luego, con una mirada larga y suave, afirmó:
-. Quiero ver quién soy realmente, y no quien ven los demás; quiero tener un poco más de energía para entender mi intuición; quiero abrir un espacio fértil para mi creatividad, antes de que un día se apague.
Hablábamos de su soledad. - ¿Y qué buscas, exactamente?, le dije.
-. Quiero alejarme de la necesidad de aprobación, aunque me cuesta demasiado, te confieso. Necesito reconocer y aceptar mis heridas, y ordenar la casa. Finalmente, me gustaría buscar más claridad y no quisiera volver a abandonarme, ya que lo hice por muchos años. Así que ando buscando en mi alma, un espacio para mi soledad, como lo hace un náufrago que se ha lanzado sin temor de frente al mar.
Sabes – prosiguió-, en medio del ruido es muy fácil perderse; en cambio, en mis espacios de soledad es como un camino de regreso, donde de nuevo reconozco lo que verdaderamente soy, sin ataduras, sin roles, sin títulos, sin expectativas. En la soledad, uno deja de actuar y empieza a ser.
Me costaba algo de trabajo entender cómo una mujer tan bella y majestuosa se expresaba de esa manera tan dolida, hasta que comprendí que estaba ante un proceso de reconocimiento profundo.
- Y al final, ¿qué esperas que suceda? - atiné a preguntarle.
- Quisiera dejar de huir de mí misma, ser mi propia compañía, habitarme sin miedo, pues no se trata de estar sola sino de sentirse abandonada por una misma, -aseguró con un cambio de acento.
No dijo nada más, pero tampoco hacía falta. Había algo en el aire… Como si sus palabras hubieran encontrado un lugar dentro de mí. Y en ese momento, entendí que nunca había estado frente a otra persona.





Comentarios