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Mes de la Niñez. 26 de abril: Día de la Niñez

  • Sandra Castiblanco Lozano
  • hace 10 horas
  • 3 Min. de lectura
Los números tienen nombre, edad y un silencio que duele: La niñez que la estadística no abraza.

Colaboración especial de Sandra Castiblanco Lozano

Licenciada en Educación Comunitaria con Énfasis en Derechos Humanos.


Niño acostado en el piso realizando un dibujo en una hoja o pizarra con una tiza

Imagínese una denuncia, un papel, una firma. Un adulto que por fin se atreve a hablar por un niño o una niña. Esa denuncia, en Colombia, puede tardar hasta ocho años en resolverse.


¿Cuántos moretones caben en ocho años?,

¿Cuántos silencios?,

¿Cuántas noches en vela, mientras el agresor duerme en la habitación de al lado

o se cuela lentamente entre las sábanas?...


Ocho años de escuela, ocho años de sueños interrumpidos, ocho años en los que la víctima, si es que sigue con vida, debe aprender a convivir con su propio agresor, a esconder la mirada y a justificar los golpes.


¿Qué tipo de justicia es la que tarda más que la infancia misma?


Lo que el boletín no dice, pero grita: Abril llegó otra vez. El mes de la niñez. Campañas bonitas, promesas institucionales por doquier, pero, ¿de qué sirve un mes que conmemora las niñeces, si el resto del año se olvidan las promesas y no las ejecuta?


El Instituto de Medicina Legal habla en su boletín mensual. Y los números, no mienten: Al cierre de 2025, 1.921 muertes violentas entre los 0 y 17 años de edad. 5 niños y niñas muertos cada día.


Una fisura profunda; no en el suelo sino en la conciencia de una sociedad que sigue normalizando lo inaceptable. Pero la muerte no lo es todo. Hay violencias que no matan el cuerpo, pero matan el alma.


16.533 exámenes médico-legales por presunto abuso sexual:


-.2.302 niños.

-.14.231 niñas.

-.45 niñas o niños evaluados cada día.


¿Cuántos de esos exámenes terminan en una condena y cuántos en un archivo judicial?


Detrás de cada número hay una boca que aprendió a callar, un cuerpo que ya no confía, una infancia interrumpida por la mano de quien debía cuidar y proteger. Mientras tanto, la casa -ese lugar que debiera ser refugio- aparece como el principal escenario de violencia: 7.547 eventos de violencia intrafamiliar contra la niñez.


Bogotá y Cali encabezan la lista. Las más violentas e inseguras para la niñez. No es casualidad. Es el reflejo de territorios donde la niñez dejó de ser prioridad y se convirtió en estadística.


La violencia contra la niñez no nace de la nada. Nace de adultos que un día también fueron niños golpeados, silenciados, criados con gritos y órdenes, al estilo de cuartel. “La letra con sangre entra”; “a mí me criaron así y no me traumé”, “no sea débil, que los niños no lloran”.


¿Pero realmente “salió bien su crianza”? Algunos de esos adultos, hoy, no saben cómo gestionar sus emociones. Permiten abusos de poder en sus trabajos y llegan a buscar con quien desquitarse en su hogar. Son los mismos que nunca aprendieron a abrazar porque nunca fueron abrazados. Y entonces, repiten el ciclo.


No podemos seguir siendo cómplices, no podemos permitir que la violencia infantil sea un anexo más en un boletín forense. Entonces, exigimos justicia, exigimos celeridad, exigimos que las niñas y los niños no tengan que convivir con sus agresores mientras el Estado decide si hace algo.


Abril no debería ser solo un mes de conmemoración, sino el mes en que recordamos que cada número tuvo un nombre, una edad, una risa, un sueño, que finalmente dejó de existir.


¿Y si ese niño o niña fuera usted?


La estadística no abraza, pero nosotros sí podemos hacerlo.


(*) Especialista en Periodismo de Paz.

Locutora y productora radial.

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