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Una historia de memoria, respeto y comunidad

  • Foto del escritor: Richard Obando
    Richard Obando
  • hace 7 horas
  • 3 Min. de lectura

Richard Obando

Gerente de AsoRecodo


Operarios de construcción y maquinaria pesada trabajando en la remoción de una estructura de piedra decorativa en un estacionamiento. Un trabajador con gorra azul dirige a un conductor de retroexcavadora Caterpillar amarilla mientras otros supervisan la obra en un día despejado.

Para nadie es un secreto -y lo he manifestado públicamente en varias ocasiones- que no soy una persona creyente. Sin embargo, eso nunca ha sido un obstáculo para respetar profundamente las creencias de mis conocidos, amigos, vecinos y familiares. Menciono esto como contexto para la historia que quiero compartir hoy.


A inicios del mes de marzo, durante un recorrido por el barrio El Recodo, en compañía de Betty, Patricia y Diana, decidimos visitar un terreno donde próximamente se construirán nuevas torres de apartamentos. En uno de los lotes ya desocupados, hacia el fondo y casi oculta, logré divisar una antigua fuente junto a una gruta que resguardaba una imagen de la Virgen del Carmen. Movido por el interés de rescatar la historia del lugar, buscamos al responsable de la obra. Por fortuna, el arquitecto Efraín se encontraba en uno de los predios cercanos. Al preguntarle qué ocurriría con aquel monumento, su respuesta fue directa: “se va a botar”. Ante esa inminente pérdida, no dudamos en solicitar que nos fuera entregado, petición a la que accedió de manera inmediata y generosa.


Con ese primer paso dado, surgió una nueva pregunta: ¿dónde ubicarla? La respuesta llegó pronto. Decidimos que el lugar más apropiado para preservarla sería en medio de los Jardines Senderistas, un espacio emblemático que algunos miembros de la comunidad hemos venido recuperando con esfuerzo y dedicación. Consideramos que allí podría convertirse en un elemento de encuentro, memoria y disfrute para la comunidad recodista, especialmente para la familia senderista.


Así comenzó el trabajo. Primero, la limpieza del lugar. Luego, la restauración inicial de la imagen y la búsqueda de recursos para el traslado, tanto de la gruta como de la fuente. Fue entonces cuando acudimos a nuestros vecinos y amigos, quienes, con gran generosidad, aportaron cerca de $500.000, monto necesario para alquilar un montacargas y cubrir otros costos logísticos.


Un agradecimiento especial merece don Félix Acosta, de la empresa FYF SOLUTIONS, quien una vez más atendió nuestro llamado y lideró el traslado de la gruta con su maquinaria. También contamos con el apoyo del nuevo sacristán del sector, quien no solo acompañó el proceso, sino que además contribuyó económicamente.


Hoy, la fuente y la gruta ya reposan juntas en los Jardines Senderistas. Solo restan algunos trabajos de pintura, adecuación y limpieza para que la Virgen del Carmen ocupe nuevamente su lugar, esta vez en un espacio digno y cuidado por la comunidad. En los próximos días se llevará a cabo una ceremonia religiosa para la bendición del sitio, a la cual invitaremos cordialmente a todos los habitantes del barrio El Recodo.


Quiero reiterar que, aunque no soy creyente, sí creo firmemente en la importancia de recuperar, preservar y embellecer los espacios públicos. Este esfuerzo no solo responde al respeto por las creencias, sino también al valor de la memoria colectiva y la identidad barrial. Así como logramos rescatar este monumento, queda abierta la esperanza de recuperar otros elementos históricos, como la fuente ubicada en la antigua estación del tren de Fontibón. Según se ha mencionado, con la llegada del proyecto RegioTram, esta podría desaparecer. Desde ya, consideramos que El Recodo podría ser un lugar adecuado para salvaguardar este patrimonio. Tenemos el sitio adecuado para eso.


Finalmente, queda una tarea pendiente: investigar quién, cómo y cuándo se instaló originalmente esta imagen de la Virgen del Carmen, para así completar su historia y seguir fortaleciendo el sentido de pertenencia de nuestra comunidad. Reconocimiento especial para Diana, quien con dedicación, paciencia y cariño asumió la tarea de pintar la imagen de la Virgen. Su trabajo no solo devolvió vida y color a la figura, sino que también refleja el espíritu solidario y comprometido que ha hecho posible este proceso de recuperación para el disfrute de toda la comunidad. De igual manera, agradecimiento a Betty, quien con iniciativa y compromiso apoyó la consecución de recursos mediante la venta de agendas. Su esfuerzo fue fundamental para avanzar en este proceso y demuestra cómo, con pequeñas acciones, se logran grandes resultados en beneficio de la comunidad.


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